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Intervención en el Club Siglo XXI

Quiero agradecer al Club Siglo XXI, a su junta y a su presidente, Gerardo Seeliger, su amable invitación para compartir una reflexión con todos ustedes.

Agradezco también a Gloria Lomana su amable presentación.

Aprovecho para saludar desde aquí a los miembros de la gestora del PSOE y a los diputados y amigos del partido que han querido acompañarme.

Muchos de ustedes me conocen. Soy Miquel Iceta, primer secretario del PSC y presidente del grupo socialista en el Parlament de Catalunya. Reelegido primer secretario en un proceso de primarias en octubre pasado, y futuro candidato de mi partido a la presidencia de la Generalitat en las elecciones que muy probablemente se celebrarán antes de acabar el año.

Llevo muchos años en política, me afilié al PSP Catalán en 1977 y participé en el proceso de unidad socialista que dio lugar al PSC que hoy conocemos, fruto de la fusión de tres partidos catalanes y que mantiene una relación federal con el PSOE.

El PSC, un partido socialista, profundamente democrático, catalanista, federalista y europeísta.

Un PSC que representa a una parte de los catalanes y las catalanas, entre 500.000 y 600.000, un PSC que tiene 123 alcaldías, de entre las que destacan las de Lleida y Tarragona, y que forma parte de muchos gobiernos municipales, entre los que destacan Barcelona y Girona.

Hoy vengo de nuevo a Madrid para hablar de las relaciones entre Cataluña y el resto de España, deterioradas tras la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto y cinco años de ausencia de diálogo entre los gobiernos de Cataluña y España, y agravadas por la deriva unilateral e ilegal de la mayoría independentista que ocupa el gobierno de la Generalitat.

Como hemos afirmado en diversas ocasiones, el PSC no participará ni prestará apoyo a ningún tipo de iniciativa que apueste por la independencia o por desconocer los mecanismos de reforma de la ley, el Estatuto o la Constitución.

Ni inmovilismo ni ruptura, tercera vía. Ni unilateralidad ni ilegalidad, diálogo, negociación y pacto. Este es nuestro planteamiento.

Ni un derecho a decidir en abstracto que no quiere decir nada, ni un referéndum sobre la independencia, renovación del pacto constitucional.

Cuando nosotros hablamos de referéndum nos referimos o bien al referéndum sobre la reforma constitucional, en el que estamos llamados a participar todos los españoles, o bien al referéndum sobre un nuevo Estatuto a partir de las posibilidades que se abran en la reforma constitucional federal que proponemos.

Reforma constitucional, ¿con qué contenido?

Hemos hablado de 4 erres. Reconocimiento. Reglas. Recursos.

Representación. Reconocimiento. Queremos que la Constitución reconozca la identidad nacional de Cataluña. Como decíamos en los acuerdos de Granada. “Creemos que en el federalismo se ubican las mejores soluciones para reconocer, respetar e integrar las diversas aspiraciones nacionales que conviven en España”. ¿Cómo debe hacerse esto? Hay muchas maneras de hacerlo. Una, que es por la que optamos en Granada, es reconocer los derechos históricos de Cataluña, hoy recogidos en el Estatuto, de los cuales se deriva el reconocimiento de una posición singular de la Generalitat con relación al derecho civil, la lengua, la cultura, la proyección de éstas en el ámbito educativo, y el sistema institucional en el que se organiza la Generalitat”.

Para los socialistas catalanes, Cataluña es una nación y España, cuya soberanía corresponde al conjunto del pueblo español, es una nación de naciones, nacionalidades y regiones que debe organizarse en el marco de un Estado federal.

Nación tiene que ver con identidad y con sentimiento de pertenencia. Saben bien que en nuestra opinión nación y Estado no son sinónimos, que el reconocimiento del carácter nacional de Cataluña no implica la reivindicación de soberanía ni independencia, que varias naciones pueden convivir en un mismo Estado, y que esa es la mejor manera de reconocer la diversidad de España en el mundo de interdependencias crecientes y de soberanías compartidas en el que vivimos. No queremos discutir a nadie su identidad, queremos reconocer la de todos, y dotarnos de los mejores instrumentos para asegurar la convivencia.

Reglas. Para una mejor distribución competencial, para evitar conflictos, duplicidades, solapamientos e interferencias. Para reconocer las competencias que recogen singularidades y hechos diferenciales. En el caso de Cataluña, con especial atención a las cuestiones relacionadas con la lengua, la educación y la cultura.

Recursos. Fijando los grandes principios del sistema de financiación que debe ser suficiente, solidario, justo y equitativo. Recogiendo los conceptos de esfuerzo fiscal similar y ordinalidad, así como la figura de los Consorcios Tributarios.

Representación. A través de un Senado o un Consejo federal que haga de la cámara alta un verdadero instrumento de integración y cooperación territorial. Saben ustedes que el federalismo aúna autogobierno y gobierno compartido. Un Senado federal ha de hacer posible el gobierno compartido.

¿Por qué debemos renovar el pacto constitucional? Porque hay una amplia mayoría de catalanes y una amplia mayoría de españoles que podrían verse bien reconocidos en ella, porque el desarrollo del Estado de las Autonomías ha evidenciado algunas carencias, y porque casi un 48% de catalanes, a falta de mejor opción, están optando por la independencia.

Entre quienes quieren romper y quienes no quieren que nada cambie hay un mundo de distancia, y muchísimas alternativas. Pero todas ellas pasan por el acuerdo. Un acuerdo que empieza por dialogar. Y hoy por hoy ni siquiera sabemos si hay o no diálogo. Si lo hay, me alegro. Si no lo hay, me escandalizo.

Ciertamente, cinco años sin diálogo cuestan mucho de revertir. Y la cosa se pone aún más difícil si una de las partes se empeña en desconocer la legalidad vigente. Frente a la desobediencia, la ley. Pero frente al problema, el diálogo.

La judicialización de la política es, en definitiva, el fracaso de la política. Los responsables políticos deben cumplir la ley, y los problemas políticos deben encontrar solución a través del diálogo y los mecanismos institucionales de reforma.

Lo he dicho en diversas ocasiones en el Parlament de Catalunya, quienes se empeñen en desconocer la ley no encontrarán en el socialismo catalán ni comprensión ni solidaridad. Y señalaremos con el dedo a quienes se nieguen a dialogar como responsables del desastre que se avecina si seguimos mucho tiempo en este camino a ninguna parte.

Los independentistas deben reconocer que no hay una mayoría favorable a la independencia, y deben por lo tanto abstenerse de preparar el camino a la desconexión. Y los que hasta ahora han demostrado su incapacidad para el diálogo deben ahora demostrar algo más que una buena predisposición.

La consigna independentista “referéndum o referéndum” está condenada al fracaso. No va a haber un acuerdo para realizar un referéndum sobre la independencia que, por otra parte y como nos recuerda el Tribunal Constitucional, requeriría de una reforma previa de la Constitución para reconocer un derecho que hoy sólo reconocen las Constituciones de Etiopía y Saint Kitts y Nevis. Por otro lado y aunque parezca mentira debo recordar que ese referéndum no figuraba en los programas electorales de Junts pel Sí y de la CUP.

Un referéndum no sirve para resolver un empate. Si la independencia es el último de los recursos no puede ser la primera de las preguntas que se formulen a la ciudadanía.

Estoy convencido de que una mayoría de catalanes estaría de acuerdo en avanzar hacia un autogobierno más potente y una mejor financiación. Y estoy convencido de que una mayoría de españoles estarían de acuerdo en ello, si la alternativa es la ruptura o el enquistamiento permanente de un problema que supone un monumental desperdicio de energías colectivas.

Según el último barómetro de la Generalitat un 5,7% de los catalanes quieren ser una región de España, al 24,1% ya le parece bien ser una comunidad autónoma, el 23,2% quiere un Estado dentro de una España federal y el 38,9% quiere un Estado independiente.

Los independentistas están convencidos de que el tiempo y una dosis de conflicto suficiente acabará de convencer a los federalistas que no hay otra salida que la independencia. Yo, en cambio creo que antes debemos conseguir convencerles de que una reforma sensata es posible. Y que puede concitar un amplio acuerdo en Cataluña y en el conjunto de España.

Y a eso vengo a Madrid. A insistir en ello. Otros socialistas catalanes avisaron hace tiempo de lo que se avecinaba. Lo hicieron los presidentes Maragall y Montilla. Sus advertencias no fueron atendidas. Y ahora estamos como estamos.

Los consensos deben construirse, y las grandes reformas requieren de grandes consensos. Conviene empezar por cuestiones más sencillas pero no menos importantes, el acuerdo sobre financiación, las inversiones, el corredor mediterráneo, el servicio de cercanías, etc.

Esas son a mi juicio las cuestiones sobre las que los gobiernos deben trabajar de inmediato. Y en el Congreso de los Diputados debiera empezarse a estudiar eso que algunos han denominado “perímetro de la reforma”, o cualesquiera otras soluciones que las fuerzas políticas o las comunidades autónomas quieran proponer o aquellas que han sido ya estudiadas a nivel académico y sobre las que existe gran consenso.

A construir ese imprescindible acuerdo les invito y, si me permiten, les convoco.

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Per a consultar entrades anteriors al 18 d'agost de 2015, fes click aquí.

REFORMA FEDERAL

 

Socialisme i federalisme, més que doctrines convergents, han de considerar-se com doctrines complementàries, com sigui que si la primera és normativa per a la vida individual de les nacionalitats dins dels Estats complexos, la segona ens mostra el camí formal per anar agermanant dins d’Estats units d’amplitud major cada dia, fins que s’arribi a assolir el magne ideal de reunir la humanitat sencera en una gran i única família.

Rafael Campalans, fragment de l’article “Socialisme i federalisme” publicat a “Justícia social”, 1 desembre 1923

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